Juan, un alumno de 10 años, coge un libro de animales para leerlo, y su primera conducta es llevar a cabo “un paseo” por los elementos de la estructura del texto (echar un vistazo al título, el contenido de la contraportada, el índice, las fotos o dibujo, etc.), con la idea de obtener una idea previa de su contenido, adelantar hipótesis sobre el mismo, y sin duda fijarse un objetivo de lectura de dicho libro (algo que desea aprender).
Ana, una alumna de 8 años, le comenta a una compañera la similitud que existe entre lo que le ocurre al personaje de la narración que está leyendo, y lo que lo ocurrió a un amigo, estableciendo así una conexión entre hechos y personajes.
Luisa, una estudiante de 10 años acaba de leer un fragmento de un texto sobre los efectos de la contaminación atmosférica, y se hace la siguiente pregunta: “…pero, ¿cuáles son las razones para que no sean obligatorios los coches eléctricos?
Con el mismo texto, Pedro, un compañero de la clase de Luisa, reflexionando sobre elsignificado de la palabra “hidroeléctrica”, para él desconocida, decide releer un fragmento, sin poder descubrir su significado. Decide finalmente segmentarla en dos partes (“hidro” y “eléctrica”), para llegar a la conclusión de que su significado estaría relacionado con la electricidad que se produce con el agua.
¿En qué se parece la conducta lectora de estos cuatro estudiantes? En que todos echan mano de estrategias, o “herramientas de la mente”, para ayudarse en el proceso de comprensión del texto que leen.

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